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Mar del Plata,
La ciudad, hoy:

sábado, 12 de septiembre de 2020

La vieja que pide permiso para pasar en las colas porque "tengo que hacer una preguntita" ya habría retrasado en 32 años la economía de la ciudad

 


En tiempos en los que hemos aprendido que abrir actividades a full es más importante que cuidar vidas, un personaje de la ciudad parece cobrar notoriedad por los perjuicios que provoca. Y allí la vemos en su silencioso, aunque dañino accionar en cualquier cola: es la quintaesencia de la falsa ternura. Se trata de las viejas que aprovechando su condición de tales, exagerando debilidades físicas, forzando rengueras aún inexistentes, se valen del amor que la sociedad les prodiga para reclamar un lugar en una cola y entrar en primer lugar porque aducen "tener que hacer una preguntita y nada más, y ya salgo". La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO,  ha establecido que esta señora o señoras ha o han provocado un atraso económico de 32 años en toda la ciudad. La universidad ha realizado un cálculo que estima que una vieja a la que se le permite ingresar a un local de atención al público a "hacer una preguntita" consume entre dos y tres minutos del turno del cliente siguiente. Este tiempo, entre períodos muertos de la cola, tropiezos, interrupciones varias, sufre un incremento que hacia el último de la cola alcanza a unos cinco minutos de demora. Estos cinco minutos son clave, porque son los que al final del día hacen que quien quiera consumir un producto de cierto local, deje la compra para el otro día que tal vez, nunca suceda. Pero si en cada cola, la vieja consume cinco minutos y hace unas 5 colas por día, tenemos que provoca la pérdida de unos 25 minutos diarios de consumo de parte de compradores honestos, que por semana representan 175 minutos, y en un año, 9100 minutos que equivalen a 6,3 días anuales de actividad económica perdida. Si en Mar del Plata se estima que viven unas 45 mil viejas, de las cuales sólo el 10% practicaría esta infame actividad, se han perdido unas 283500 horas laborables, que representan unos 32 años. "En muchos países existen leyes que regulan la llamada gerontodilación, o espera generada por una vieja que no estaba en la cola y pide permiso para hacer una pregunta que luego genera una demora en los demás participantes de la espera, pero aquí aún no hay ningún proyecto presentado", nos comenta Gerardo Schnijx, de FLACSO. Trabajadores de distintos gremios advirtieron acerca de las patologías orgánicas que provoca tener que escuchar a diario unas cien o doscientas "preguntitas", que van desde irritación ocular, inflamación ovarotesticular, aceleración cardíaca, disfonías, gastritis y diarreas que, para colmo, no generan ventas. "Hemos planteado el tema en las distintas empresas, pero aún no tenemos resultados", aseguró una trabajadora harta de la maniobra senil.
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