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jueves, 4 de junio de 2020

Preocupación: los niños que no pueden ver a sus abuelos hace tres meses empiezan a dudar que la yegua se haya robado todo, que el peronismo sea un cáncer y que Nisman haya sido asesinado

Preocupación: los niños que no pueden ver a sus abuelos hace tres meses empiezan a dudar que la yegua se haya robado todo, que el peronismo sea un cáncer y que Nisman haya sido asesinado https://bit.ly/2Y3uOUI

El exceso de cuarentena pareciera tener peores efectos que el propio aislamiento. Una cantidad indeterminada de personas angustiadas, con patologías no atendidas y situaciones familiares no esperadas parecen haber invadido nuestro mundo, ya no tan comunitario.
Pero al parecer son los niños los que más sufren esta situación. Forzados a una rutina inesperada, de clases vía teleconferencia y a cualquier hora, no ver a sus abuelos durante tres meses les ha hecho dudar de lo más elemental, y han llegado a pensar que no era cierto que Cristina se había robado un PBI y lo tiene oculto y enterrado en la Patagonia, o que el peronismo es un cáncer que gobierna hace 70 años, o que -válganos Dios- Nisman no ha sido asesinado. "Si bien es admisible un espacio de reflexión y hasta de duda, no hay que apartarse del conjunto de creencias y supuestos que nos hace lo que somos y nos plantea desde lo identitario y lo social", asegura Kenneth Morlas, un prestigioso psicólogo de la Universidad de Yale. "los abuelos son fundamentales, no para incorporar relatos con visos reales, sino para enriquecer toda aquella área de lo fantástico que tiene un sentido común que lo puede hacer posible", indicó. "Es por eso, que más que en la veracidad, tenemos que anclarnos en aquellas creencias que nos harán aceptables desde lo social, y los abuelos son un pilar importante en este proceso". Millones de abuelos cuidan gratis de sus nietos cada día, mientras sus padres -hijos de los abuelos- sacrifican sus vidas en oscuros empleos en los que creen que van a triunfar en sus carreras. Es en ese momento, a medida que los padres se van dando cuenta de que serán eternos esclavos fracasados, en que surge la importancia del abuelo para renovar en el nieto ese optimismo clasemediero que impulsa a la siguiente generación a pisar cabezas para no llegar nunca a nada. "Desde que no veo a mis abuelos, pierdo todos mis debates en las redes sociales. Cualquiera me demuestra que Maldonado no murió ahogado así nomás, y es un bajón", admite un nieto del barrio de Floresta. Es de esperar que pronto los nietos puedan reencontrarse con los abuelos y así reestablecer el imaginario que algún día hará grande a esta Nación.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Revelan que el lanzamiento de los malvaviscos argentinos ha disminuido notoriamente los costos de ser cipayo


Expertos de la Universidad Argentina de la Empresa han logrado detectar un notorio avance en la calidad de vida de la clase media argentina. En efecto, este pujante nivel socioeconómico, jaqueado por imposiciones, tributos, gabelas arbitrarias y dejar de pagarle a la sirvienta en negro, debe afrontar, además, elevados costos para llevar una existencia acorde a la del resto de los ciudadanos del mundo civilizado y no quedar afuera del mismo. Pero es innegable que cierta ropa de marca, las zapatillas, la electrónica de última generación, demandan un presupuesto que se torna inalcanzable. Es por eso que el lanzamiento de los malvaviscos fabricados en la Argentina representan un verdadero orgullo, ya además de no tener nada que envidiarle a los importados, han logrado disminuir drásticamente los costos de ser un cipayo. La empresa que los fabrica ha atendido las demandas populares en el sentido de que el cipayo típico, debía serlo a través de objetos de consumo que tienen un costo elevado, lo cual generaba una inequidad cipayesca, ya que sólo podíamos observar una clase cipaya pudiente, lo cual nos generaba una opinión errada sobre esta comunidad. Ahora también pueden haber cipayos dentro de la clase trabajadora. De esta manera, nuestros adolescentes ya pueden pensar en reemplazar el antihigiénico hábito del mate para poder calentar malvaviscos en una fogata y poder cumplir el sueño de ser como cualquier adolescente estadounidense. Los argentinos nada tenemos que envidiarles a aquellos jóvenes. Por lo tanto, podemos plenamente igualarnos a ellos sin que medidas proteccionistas arruinen los mejores años de nuestras vidas. Desde ahora, por el costo aproximado de un dólar blue, cualquiera puede experimentar en su organismo los mismos azúcares que cualquier persona que vive en Connecticut, Alabama, New York o Nevada. Sin tener que viajar. Un progreso inesperado para la nunca bien considerada comunidad con diforia de nacionalidad.