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sábado, 4 de agosto de 2012

Mar del Plata logra reponerse de una "larga enfermedad": murió Eduardo Pezzati

La muerte de Eduardo Pezzati reabre el debate interno en Acción Marplatense acerca de su política ecológica-ambiental: dirigentes del partido debaten por estas horas si inhumarlo en el sector de la Reserva Puerto que le obsequió al club Aldosivi, en el predio de deposición de residuos o arrojarlo por el emisario submarino.
Lo cierto es que cuando se escriba la historia de porqué hoy Mar del Plata es peor, el nombre de Eduardo Pezzati no deberá ser soslayado. En su modus operandi podemos apreciar -o despreciar- una característica común: generar espacios de un poder que se pretende colegiado, integrado por "personajes notables de la ciudad" que se utilizan para confrontar al poder surgido de las urnas en un intento de diluir la voluntad y los derechos del ciudadano común, que para estos sujetos no deja de ser un personaje inculto y desinformado, y sobre el que siempre se imponen los intereses empresarios, presentados como los únicos portadores de nuevas ideas y proyectos, finalmente atendidos y apoyados por políticos locales que en su tradicional y fingida "republicana inocencia" terminan "escuchando" el experto y desinteresado consejo de estos sectores, y otorgando concesiones, privatizaciones, emprendimientos y privilegios cuyos ejecutores son estos mismos empresarios que "sin duda llevarán a la ciudad al camino del progreso", al final del cual, las consecuencias las terminamos pagando los mismos y desatendidos ciudadanos comunes. En tal sentido, desde el consorcio portuario, regaló al Club Aldosivi, en una maniobra nunca bien explicada por lo arbitraria, un sector de la Reserva Puerto tan grande como el que, para que la Provincia pueda cedérselo al mismo club, precisó de una ley aprobada en ambas cámaras. Ante los vecinos que aún hoy ejercen su reclamo, aquellos para él inexistentes, miró hacia otro lado, estableció un profundo silencio que hoy se hará definitivo, pero que sólo quebró para dictaminar que la Reserva Puerto, establecida como tal por el mismo cuerpo deliberativo que él integró, estaba destinada a la expansión del Puerto y lograr otro "Muy Bien Diez" de parte de sus amigos empresarios. Nunca aclaró porqué colaboró a que también se expanda el predio de un club sostenido por fuertes capitales de la pesca: sabemos que esta gente sólo habla con sus amigos empresarios y desdeña el accionar judicial de la misma manera que el vecinal.
Como funcionario no fue mas que el zorro en el gallinero, sin dejar de permitir el ingreso al mismo a sus amigos lobos, leones y tigres.
Alguna vez periodista, aunque no de origen humilde, rápidamente integró espacios de sórdida fama, como la Bolsa de Comercio de Mar del Plata, el Community College, el Plan Estratégico, entre otros.
Con estos antecedentes, era lógico pensar que la creación, junto a Pulti, de Acción Marplatense, no se constituiría en un hecho que generara doctrina política, inclusión del mas pobre, militancia de base y atención de los barrios, salvo esporádicas y publicitadas dádivas.
Siempre en comisiones donde se chicanea al ciudadano común, siempre en grupetes de accionar hermético que suelen asesorar al Ejecutivo para que no siga las premisas electorales del partido de turno y los deseos del electorado, Pezzati nos deja una Mar del Plata mas injusta, mas cerrada, donde pese a los cambios de los últimos años, cada vez menos gente tiene mas y cada vez mas gente apenas subsiste y a la que ha contribuído. En la que el espacio de participación del ciudadano común se ha recortado drásticamente frente a los espacios que los intereses empresarios han ocupado. En la que el desempleo siempre se mantuvo entre los mas altos del país, en la que el capital turístico y patrimonial, la imagen de la ciudad, junto a las normas, se pisotea constantemente en función de los "emprendimientos de amigos". Ese es el modelo de ciudad que la aristocracia local que Pezzati junto a tantos que aún respiran integran, contribuyó a establecer en la convicción de que la mayor cantidad de generaciones de marplatenses que el escudo familiar pueda ostentar, mas derechos otorga. Edad Media pura.
Los avisos fúnebres publicados para el en el diario La Capital de este domingo, no son mas que un catálogo de garcas de la ciudad. Sin olvidar algunos firmados por periodistas renombrados, alejados definitivamente de todo espíritu crítico, herramienta esencial de la profesión.
Aún quedan muchos Pezzatis que continúan desangrando nuestra ciudad. Despabilarse es la primera de las acciones cívicas necesarias.