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sábado, 12 de enero de 2013

Revelan que la Fragata Libertad, si bien logró sortear con éxito el banco de arena de la entrada al Puerto, casi encalla en el banco de mierda frente a la Planta de Efluentes Cloacales

Imagen exclusiva: la fragata luchando contra el peligroso banco
de mierda
Transcurridos algunos días de la llegada de la Fragata Libertad a nuestra ciudad, era lógico suponer que irían trascendiendo historias acerca de las peripecias que tanto la nave como la tripulación debieron atravesar en el azaroso viaje a Ghana y su regreso triunfal. Sin embargo, la primera revelación no da cuenta de un suceso acontecido en tierras lejanas, ni en mares indómitos, sino muy cerca de nuestras costas, a pocas millas de ser avistada por los cientos de miles de personas que la esperaban con el corazón abierto.
Cuentan los asistentes al acto de bienvenida de la nave, que a poco de acercarse ésta al muelle, comenzaron a notar que de ella manaba un notorio olor a mierda que no opacó los festejos. Sin embargo, transcurridas unas horas, al retornar la calma a la Base Naval, el informe del capitán reveló que, si bien la fragata no tuvo inconvenientes en sortear el banco de arena que está a la entrada del Puerto esperando que Pulti lance la licitación y lo transforme en balneario, nuestra nave insignia casi zozobra al tener que enfrentar el enorme banco de mierda que se encuentra al norte de la ciudad, frente a la nunca eficaz Planta de Efluentes Cloacales. El banco de mierda pudo ser un tropical iceberg para nuestro Titanic criollo, del que sólo gracias a Poseidón, pudo escapar. Parece ser que tras el silenciado informe de los doctores Elías y Vallarino, de la Universidad de Mar del Plata, que en 2009 denunciaron la contaminación del mar en ese sector y hasta cerca de Playa Grande, donde los chapuzones marinos deberían estar prohibidos, la acumulación cloacal se incrementó, dando lugar a este banco de mierda que afecta la navegación por nuestras costas. Hay quienes sostienen que en momentos de bajamar, el banco de mierda es tal que una persona podría caminar sobre él y así recorrer unos tres kilómetros mar adentro, y que tras un rato al sol del verano, tiene la consistencia suficiente como para soportar el peso de un adulto normal. Mientras Vallarino y Elías, desacreditados hasta por los bañeros Emilio Disi y David Hasselhoff gracias a la inmejorable colaboración de la prensa servil de la ciudad, sostienen su verdad: aquella que asegura que el agua está contaminada, que para no tener problemas con los microbios, se los trata con un elemento también contaminante como es el cloro, que no existe una evaluación ambiental de esos procedimientos y que nuestra salud corre riesgo. Algo que la proverbial suerte de Pulti parece aún soportar, y que no sabemos si pertenece a la vieja o a la nueva agenda de la ciudad, pero que sin duda pertenece a la agenda que peor huele.