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jueves, 28 de agosto de 2014

Cuando el cipayo intenta hablar en español















Si bien la palabra "cipayo" denominaba a aquel soldado hindú que luchaba al servicio de algún poder europeo, por extensión la solemos utilizar para calificar a aquel que nos parece estar sirviendo a intereses foráneos en forma mas o menos oculta. En la Argentina tenemos una nómina extensa de dirigentes, políticos, periodistas y líderes de opinión que, enarbolando nobilísimos principios, no han hecho mas que promocionar conductas o actos que beneficiarían a empresas, intereses o estados de otras latitudes. Es más: de no mediar la mala intención, se llamarían -criollamente- tilingos. Hemos internalizado la idea de que el cipayo local suele servir a patrones norteamericanos o, como los cipayos originales, europeos, y se vanagloria de su familiaridad con otros idiomas. Sabemos que el negrito argentino promedio no es propenso a acceder al inglés y por lo tanto es saludable mantenerlo alejado de aquellas cosas de las que hablamos los blancos mediante el uso de un idioma propio. Por eso, cuando un jugador de fútbol como Tévez, contratado por un equipo británico y residiendo en esa isla donde el inglés es vapuleado para utilizarlo en cosas banales como comprar verdura, osa cruzar la General Paz de la cultura y balbucea en el idioma de Shakespeare, es duramente criticado por la misma burguesía que llama "culto" a Cavallo cuando hace lo mismo. Durante décadas, la publicidad ha ayudado enormemente a afianzar estos conceptos, y acaso, reflejarnos de alguna manera. Sin embargo, en los últimos años han ido apareciendo como en un goteo, términos que si bien no son ajenos al idioma castellano o son una adaptación al mismo, son modos y usos de otros países, seguramente hermanos. Si bien podríamos argumentar una "ecumenización" del idioma, la misma no se verifica en otros países que hablan la misma lengua y aquí son utilizados con el mismo fin que los viejos términos en inglés: el intentar que algunos argentinos logren despojarse de ese costado cultural que niegan, aunque les es propio y los identifica. Si bien no sabemos dónde es el Paraíso, tal vez esté en otro idioma y otras costumbres. Hoy los avisos clasificados piden meseros o camareros en vez de mozos. Se acabaron los tiroteos en función de las balaceras. No hay "Metrocolectivo", sino "Metrobus", ni tampoco hay "Subtedelegados". Los supermercados venden piñas en vez de ananás, los chicos juegan a las canicas y los relatores de fútbol que hablan de portero y de balón, se ríen de sus viejos colegas que utilizaban el término "esférico", mientras el jefe de gobierno concurre a reuniones "de alcaldes". Y el nombre del propio idioma que, gracias a los manuales de artefactos, a los artefactos mismos y al anglicismo, hemos rebautizado como "español", sólo posible desde el desconocimiento de la península ibérica y de quienes en la simplificación de conceptos aceptan las premisas del español único que estableció el franquismo. Hoy, el Diario Perfil que, entre los diarios que tienen fama de estar bien escritos debe ser el peor escrito, planta la bandera de "desahucio", aludiendo al término utilizado en España y que tiene una connotación mas propia de sentencia judicial. Para el Diario Perfil, aquel que nos robó una foto, la Patria parece ser del otro, y por lo tanto, el idioma debe seguir la premisa. Por lo visto, cuando el cipayo intenta hablar en castellano, pronuncia en español latino.