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sábado, 4 de octubre de 2014

Se viene el Tilingorchi, el festival de diseño gráfico en el que el dinero que no se invierte en difundir diseñadores e ilustradores argentinos se utiliza en traer diseñadores e ilustradores extranjeros y en el que diseñadores, ilustradores y estudiantes de diseño e ilustración argentinos pagan fortunas por olfatear el mundo al que jamás van a pertenecer

martha cooper
Una vez mas, vuelve la fiesta de los anteojos de marco grueso, los chupines, las calzas estampadas debajo de la minifalda, la ortodoncia, los raros peinados nuevos y esa actitud nerd que gracias a la soberbia y la pose afrancesada logra un cierto respeto social. Vuelve el Tilingorchi, el festival de diseño en el que todo es glamour, todo es diversión lánguida, donde las mujeres mas feas de la ciudad son disputadas por jóvenes presos de su eterna adolescencia que intentan perder su tardía virginidad olvidando por un rato su colección de figuras de acción, y en el que tocan las bandas cuyo sopor no puede ser denunciado sin ser expulsados del mundillo alternativo que representa el último lugar de pertenencia. Durante todo un fin de semana, miles de ilustradores, diseñadores y estudiantes de ilustración y diseño pagarán lo que no tienen por ver conferencias con ilustradores y diseñadores extranjeros que les mostrarán el mundo al que nunca van a acceder gracias a que quienes en la Argentina tienen que invertir en el diseño y la ilustración nacionales no gastan un peso en ellos, pero eyaculan elogiando babosos a los ilustradores y diseñadores extranjeros.
Al ritmo de la música electrónica, destacados profesionales del ámbito nacional que nadan en su abundancia repetirán el tradicional pronóstico negro de la profesión y explicarán a los jóvenes en carísimos talleres porqué ese mundo laboral al que pretenden acceder les será sistemáticamente negado, a excepción de algunos pocos elegidos que lograrán que conserven las esperanzas para que en la próxima edición, los estudiantes vuelvan a vaciar sus bolsillos en el festival de diseño mas grande del mundo. La cita será en el Polideportivo, cuyo "pastito" se transformará en una especie de Woodstock criollo, mientras que en el anillo externo al recinto se venderán dibujos, remeras, fanzines y otros objetos lo suficientemente caros y mal hechos como para ser considerados "tendencia alternativa".
El Tilingorchi ya está aquí, y sus organizadores remarcan la idea de que "empezaron en un garage con cero presupuesto". Jóvenes argentinos y skaters cuarentones trazarán puentes de amistad con sus pares chilenos y brasileños que, lookeados de un vago estilo Manu Chao, fingen haber realizado ingentes sacrificios para llegar a Mar del Plata mientras ocultan su procedencia de hogares aristocráticos en los que la presencia paterna ha sido reemplazada por la insatisfacción existencial y los artefactos de última generación. Las noches del Tilingorchi serán un verdadero festival aparte, con las mejores fiestas en discotecas en las que figuran como propietarios albañiles y ancianos menesterosos y en las que circulan las mas modernas drogas de diseño que aseguran una sobrevida mas o menos decorosa y hasta admirable para algunos, además de hacer creíble cualquier debate sobre la legalización de estas sustancias. Todo está listo para disfrutar de este verdadero paraíso indie que intenta demostrar que los indies son algo mas que una impostación pasajera más. "Lo bueno del Tilingorchi es que mis padres me permiten desaparecer durante tres días mientras creen que vengo a un congreso en el que aprendo algo, y así me siguen pagando la carrera", dice Luna M, que llegará desde Buenos Aires. "Es buenísimo el clima de viaje de egresados que hay. Es igual, salvo que no se garcha", afirma Emmanuel S., de nuestra ciudad. Sebas Chequin, uno de los organizadores del Tilingorchi, destaca que "Del Tilingorchi nacieron muchos proyectos importantes. Por ejemplo, un estudiante de diseño decidió hace dos años, comprarse el remise, mientras que una chica de La Pampa que vino el año pasado, ahora trabaja en una heladería, y no puede venir. Es muy emocionante", nos dijo. "Somos muy perfeccionistas y cada año tratamos de superarnos para lograr demostrarles a todos esos chicos que vienen al Tilingorchi, que son inmensamente mediocres y no tienen chance frente al primer mundo del diseño que nos guardamos para nosotros". El próximo fin de semana, el Tilingorchi en el polideportivo será la atracción de la ciudad proyectada hacia ese mundo que jamás veraneará en ella. Allí, los jóvenes de segunda selección intentarán creer que tener una vida es posible durante al menos tres días.