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sábado, 19 de marzo de 2016

Entre sollozos, la jueza Sandra Arroyo Salgado pidió que la causa Nisman pase al fuero federal, porque "es evidente que se trató de un putañericidio"

La causa Nisman parece encaminarse a un terreno en el que la Justicia, su administración, criterios, tiempos y formas, y aún el sentido común, serán reemplazados por la necesidad de obtener un fallo que rime con ciertas necesidades políticas que intentaron establecerse desde un principio. La querella que conduce la expareja del fiscal, la jueza Sandra Arroyo Salgado y la que representa a la madre del fallecido, Sara Garfunkel, pretenden que la causa sea trasladada a la Justicia Federal porque no dudan de que se trata de un asesinato, pese a que en el expediente no existe ni siquiera un indicio que pueda asegurar tal teoría: 13 de los 15 médicos forenses y 5 de los 6 criminalistas consultados así lo afirman, y hasta la versión que circula acerca de que no había restos de pólvora en las manos del fiscal se ha desmoronado cuando el sofisticado estudio realizado en Salta determinó que “las muestras analizadas de las manos de Nisman presentan partículas consistentes con residuos de disparo”.
Por lo tanto, la interpretación de que habría sido un asesinato resultaría un tanto forzada. De allí, a definir un eventual autor habría un trecho mucho más amañado e incierto.
En la audiencia de ayer, y pese a estar representada por tres abogados, la jueza Arroyo Salgado pidió la palabra. Los camaristas, que le rogaron brevedad, tuvieron que soportar 40 minutos de intervención de parte de la jueza, que tiene la seguridad de que fue un asesinato porque así lo cree el 80% de la población. 
Arroyo Salgado, que se quebró un par de veces durante su discurso, reclamó que a la muerte de Nisman se la considere "un magnicidio o, si les parece mucho, al menos un putañericidio como nunca se vio en la historia nacional". Arroyo Salgado aseguró que tras la muerte de Nisman, la actividad putañeril de la ciudad de Buenos Aires habría atravesado una inédita recesión de la que aún no ha logrado reponerse, mientras que la filial argentina del laboratorio Pfizer, que produce el conocido medicamento Viagra, ha reportado pérdidas en el pasado año por primera vez en una década. La causa, sin duda, pasará a la Justicia Federal, y de allí al tortuoso e interminable camino por el que nunca va a esclarecerse.