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viernes, 1 de junio de 2012

El Garcabuelo va por más: "En Periquita no me pudieron vender cacerolitas de juguete para mis nietitos, porque son chinas, y Moreno no las deja entrar"

Satisfecho, aunque aún indignado, Julio César Durán, el Garcabuelo marplatense que presentó un recurso de amparo porque no pudo comprar 10 dólares para educar a sus nietos en los principios básicos del garca, intentó un nuevo camino. Enterado de las movilizaciones que se iban a realizar en la ciudad de Buenos Aires con cacerolazos en los principales barrios chetos, previó que, si éstas tenían un correlato en nuestra ciudad, sería una gran oportunidad para que sus queridos nietos vean en vivo la debacle kirchnerista a manos del pueblo dolarizado. Decidió entonces concurrir a las principales jugueterías de la ciudad y comprarles unas cacerolitas de juguete para que puedan iniciarse en la participación popular. Sin embargo, no pudo conseguirlas en ninguno de los locales que recorrió. "-No sabía lo que pasaba -comentó el Garcabuelo- Sencillamente, no tenían cacerolitas. Otra decepción para mis nietitos, pero pensé que sencillamente los patriotas las habían comprado todas. Sin embargo, una empleada de Periquita me dio la fatal noticia: las cacerolitas son chinas, y el perverso Guillermo Moreno no las deja ingresar al pais. Ahí no aguanté mas, y presenté otro recurso de amparo-" En realidad, la fábrica argentina que fabricaba cacerolitas tuvo que cerrar a causa de la garcoeconomía de los noventa, pero el Garcabuelo marplatense prefiere no tocar ese tema porque "no hay que llorar por el pasado", Y apunta: "-...Y habría que investigar porqué sí dejan entrar bombos chinos para los militantitos, y fusiles comunistas para la Camporita-" El Garcabuelo planea nacionalizar sus reclamos y lograr que se apruebe una jurisprudencia que defienda al tradicional garca argentino. "-Somos como los Testigos de Jehová que no permiten las transfusiones de sangre. Los garcas somos una selecta minoría, y debemos ser respetados en nuestras elecciones de vida garca y así deben crecer nuestros hijos y nietos, sin interferencia de eso que llaman ciudadano común-", se envalentona Durán, convencido.