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Mar del Plata,
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sábado, 21 de marzo de 2020

Procuran desalentar las discusiones de turistas y vecinos de Pinamar a la entrada del balneario: "No podemos fomentar la lucha de garcas contra garcas"


La cuarentena dejó ver un perfil inédito de los argentinos que tiene que ver con la falta de solidaridad. Miles de compatriotas no cumplen con la cuarentena poniendo en riesgo a la población en general y a ellos en particular, con la diferencia de que quienes pueden pagarse un pasaje a Europa, terminarán internados en clínicas privadas, mientras que aquellos a los que contagien, acabarán sus vidas en camas de hospitales colapsados, instaladas en oficinas y pasillos, sin insumos ni respiradores. A las puertas de Pinamar se vivió un pequeño drama: el de los que viven allí, resguardando el medio ambiente, los espacios verdes y tranquilos que lograron adquirir con sus dineros, la calma de una ciudad cuya escasa densidad poblacional mantenía el virus a raya, procurando impedir el paso de turistas que igualmente, tienen casas en aquella ciudad costera y todo el derecho de compartir cuarentena con los nativos, aunque generando un problema sanitario inmensamente mayor. La magnitud del asunto superó cualquier cálculo y miles de turistas entraron a Pinamar, Gesell, Cariló, Valeria del Mar, etc. por distintos lugares. Las autoridades llamaron a la reflexión y comenzaron a diseñar un amplio programa para evitar enfrentamientos entre vecinos y turistas. Desbordado, el intendente de Pinamar, Martín Yeza denunció que los turistas "no han dejado de llegar" desde el viernes. "Estamos pidiendo la ayuda de la Provincia y de la Nación para contener esto. No queremos que hayan hechos de violencia ni, como muchos indican, fomentar la lucha de garcas contra garcas", sostuvo. Hasta ahora, los esfuerzos de los vecinos tuvieron algunos éxitos, pero no han sido suficientes. Tampoco la Policía ha actuado en forma eficaz, y un oficial se quejaba de que no le permitían intervenir como esperaba: "Estudié para esto, me preparé para esto, deberían permitirnos, con los adecuados barbijos y guantes y todas las garantías sanitarias, partirle el cráneo a alguien de una buena vez. Por primera vez en años, el pueblo lo reclama".